Queridos gramáticos:
Con la inclusión de la enseñanza del chino entre los servicios de BertaGrama Traducciones, nos acordamos de un libro que nos había dejado muy gratas impresiones. Nos pareció interesante compartir con vosotros la lectura de Una maestra en Katmandú que, como bien indica su nombre, relata las vivencias de su autora, Vicki Subirana, en un proyecto educativo universal para los más pobres y marginados en Nepal. Aparte de la multitud de enseñanzas sobre la vida y la cultura en este país, nosotros hemos preferido centrarnos en las aportaciones más personales que nos ha brindado la lectura de este maravilloso libro publicado en el año 2012.

¿Dónde está Katmandú?

Katmandú es la capital de Nepal, un pequeño país que se encuentra ubicado en la frontera entre China e India. Esta nación de 27 millones de habitantes mengua ante los más de 1 000 millones que tiene cada uno de sus gigantes vecinos. Sin embargo, su capital, Katmandú, podría considerarse como una ciudad del cielo, ya que a su alrededor encontramos ocho de las catorce montañas más altas de la Tierra, entre ellas, el Everest.

 

Durante los primeros siglos de nuestra era, el budismo, y luego el hinduismo, ambos procedentes de la India, se extendieron ampliamente por Nepal. De esta forma, la organización arquitectónica y urbana nunca estará disociada del área religiosa. Quizá muchos conozcáis los templos budistas tan comunes en este país y hayáis oído hablar del turismo emergente en el mismo.

Como revelamos al inicio, Una maestra en Katmandú nos llenó de ilusión en nuestro proyecto de enseñanza del chino como lengua extranjera, ya que compartimos la filosofía de vida de Vicki y, salvando las distancias, el relato sobre cómo consiguió superar escollo tras escollo nos alienta a proseguir paso a paso sin importar los obstáculos en el camino. Por eso, hemos seleccionado una serie de citas inspiradoras para que os animéis a leerlo. Podéis comprar el libro completo aquí y aquí.

Citas de Una maestra en Katmandú

“A partir del día que tomé la decisión [ir a Nepal], empecé a practicar una técnica que jamás he abandonado: aprendí a observar con codicia mis pensamientos y las repercusiones que tenían sobre mi estado de ánimo. Observaba también las conversaciones que mantenía con la gente, y me daba cuenta de que los temas banales me producían sufrimiento, emociones negativas y una indescifrable sensación de vacuidad en el alma. Sin embargo, los pensamientos y conversaciones positivas actuaban como un sedante para mi mente. Esta técnica me permitió analizar los resultados de mis actuaciones y modificar aquellos hábitos que me causaban dolor, desánimo o tristeza. […] Me di cuenta de que el uso de mi energía no sólo influía en mi felicidad y en mi desgracia, sino que, automáticamente, afectaba a todos los seres vivos a mi alrededor. Empecé a pensar que cada cosa que yo hiciera debía ser beneficiosa no solamente para mí sino que mi proyecto de vida tendría que repercutir en el bienestar de todo lo creado en el Universo.”

“Si la religión no puede servir a los hombres para estar más cerca de sus semejantes, a ser más conscientes de esta gran alma universal que somos todos, ¿para qué les sirve a los que la practican? Si en nombre de la religión ponemos barreras en lugar de destruirlas, ¿para qué sirve ser religioso?

Krishnamurti ya decía que, desde el momento en que empezamos a atribuirnos nombres, etiquetas, o nos declaramos pertenecientes a alguna ideología de forma exclusiva y excluyente, automáticamente estamos ejerciendo la doctrina del ‘yo pertenezco y tú no perteneces’. Eso es irreal, porque, en la energía universal, a la que los cristianos llaman Dios, no existe semejante división, no existe ni yo ni tú; existe un sentimiento profundo de unión que sólo se produce cuando sentimos verdadero amor, afecto o compasión por alguien. Estos sentimientos emanan del corazón de las personas, que es donde se producen los verdaderos encuentros, y el corazón no sabe de religiones ni de partidismos.”

“De nuevo me encontraba a solas con mi mente y era como si tuviera un armario lleno de cajones con ideas que había ido guardando, para poder usarlas alguna vez. Había pensamientos que eran míos, otros los había adoptado. Algunas veces lo que había allí escondido estaba tan podrido y tan ajado, que incluso olía mal. […] Generalmente, tenemos tiempo para todo lo físico y material, pero las ideas, emociones y pensamientos, aunque no ocupen un espacio aparente, también están ahí, forman parte de nosotros y raras veces nos paramos a ordenarlos, a vaciar lo que no nos interesa, a trazar paralelismos y comparaciones, a echar mano de lo que ya sabemos para aplicarlo en la vida real. Un día nos damos cuenta de que nos cuesta tomar decisiones, de que nos irritamos por cualquier cosa, de que no podemos pensar con claridad”.

Palabras de Séneca:

“Ha de verse si esos profesores enseñan o no la virtud; si no la enseñan, tampoco la comunican; y si la enseñan son filósofos. Pues es tarea más difícil llevar a la práctica los propósitos que concebirlos. Hay que tener perseverancia y acrecentar la robustez con un trabajo asiduo, hasta que la bondad del alma iguale la bondad de la voluntad. Examínate tú mismo y obsérvate por todos lados y, antes que todo, mira si es en la filosofía donde progresaste o en la vida”.

Cita anónima:

“Si crees que algo te pertenece, déjalo escapar; si vuelve, es que siempre fue tuyo, mas si no vuelve es porque nunca lo fue”.

Extraído de Los cuarenta hadices, del islam:

<<Sé en esta vida, como si fueras un extranjero o un pasajero>>

<< Me di cuenta de que siempre estaría en desacuerdo con el mundo porque el único concilio que ha venido a realizar el hombre en esta tierra es el reencuentro con el propio ser, eso es lo único que importa: ser coherente con uno mismo>>.

 

Sinopsis de Una maestra en Katmandú 

Una maestra en Katmandú se trata de la historia inacabada de Vicki Subirana, que arranca con el relato de las ilusiones de una joven maestra solidaria con una misión entre ceja y ceja, y culmina con la consolidación de un proyecto educativo universal para los más pobres y marginados en Nepal, para los que ha conseguido la enseñanza que cualquiera desearía para sus hijos en nuestro privilegiado mundo gracias al método Montessori. En su empeño por llevar a cabo sus ideales, Vicki tuvo que lidiar con dificultades de todo tipo, y para evitar que la deportaran de Nepal aceptó incluso un matrimonio de conveniencia con un sherpa, que terminó convirtiéndose en un gran amor. El relato de la apasionante peripecia vital y profesional de la autora da como resultado un libro extraordinario donde el lector encontrará no sólo una hermosa y rara historia de amor, mezclada con un fascinante libro de viajes, sino, sobre todo, una visión divulgativa pero contundente de la más cruda realidad en el Tercer Mundo.

Este es un libro interesante incluso para quienes no mantengan relación con la enseñanza, ya que todos debemos aprender de la vida, y este relato es rico en enseñanzas para la vida. Para los cinéfilos, Una maestra en Katmandú también fue llevado al cine en el año 2011 con el título de Katmandú, un espejo en el cielo.

¿Habéis viajado a Nepal? Nos encantaría conocer vuestra experiencia en este país que no deja indiferente a nadie. ¡Esperamos vuestros comentarios!

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