Queridos gramáticos:
Como buenos traductores, en nuestro equipo nos interesa mucho todo lo que tenga relación con una lengua. En nuestra entrada de hoy, hemos elegido el acento como el núcleo de nuestras reflexiones e investigaciones, ya que no se trata solo de una forma de hablar, sino que su estudio nos incitó a preguntarnos sobre ciertas cuestiones que están a la orden del día, pero cuya respuesta se limitaba, en nuestro caso, a meras conjeturas basadas en nuestra propia experiencia y observaciones.

La definición técnica de “acento” sería “la pronunciación característica de un grupo de individuos que hablan el mismo idioma”. El acento de la persona depende de muchos factores, pero, por lo general, los acentos se clasifican en regionales, es decir, la forma de hablar según el área geográfica; y extranjeros, que abarcaría, por ejemplo, la diferente manera de hablar el inglés de una persona que se crió en un país hispanohablante y la de aquel que se crió en un país angloparlante.

Esta definición de acento es sencilla y obvia; sin embargo, no responde a ciertos fenómenos que nos hemos venido planteando desde hace unos años, como son: ¿por qué cambiamos nuestro acento en determinadas circunstancias? ¿a qué se debe la modificación del acento? ¿cómo se nutren de forma recíproca el acento y el aparato fonador, en su aspecto puramente físico? ¿Cuál es la relación entre el acento y el bilingüismo? A continuación, intentamos resolver estas cuestiones por medio de nuestras pesquisas.

En primer lugar, os recomendamos leer este artículo de Verne, ¿Por qué se nos pegan los acentos ajenos?, en el que hemos descubierto, por ejemplo, que el acento está conformado por tres elementos:

“Existen tres ejes sociolingüísticos que influyen el sonido de un acento:
1. El diatópico: La ubicación geográfica, el lugar o región donde naces y/o creces.
2. El diafásico: El nivel educativo y de habilidad de lectura. Se mide con las horas de lectura a la semana de una persona y su nivel educativo. Entre un mayor nivel de lectura, más neutral será su acento. Cuétara Priede advierte que no debe confundirse con el nivel socioeconómico: “No por ser más rico o más pobre se lee más o se lee menos”, comenta.
3. El diastrático: La circunstancia o ambiente. Nuestros acentos y vocabulario cambian dependiendo de con quién hablamos y en qué situación. “No hablo igual cuando doy una clase o una entrevista que cuando estoy entre amigos en una fiesta”, explica el académico.”

Naturalmente, el eje diatópico es crucial no solo en el aprendizaje del acento de una persona, sino también en el desarrollo de su aparato fonador, ya que el oído se acostumbra a los sonidos durante la infancia y el aparato fonador a la pronunciación en un idioma concreto. Hasta los cinco años, los niños incorporan nuevos sonidos y fonemas con total naturalidad y de manera espontánea, y aprenden sin traducir de uno a otro idioma de forma rápida y fácil. Por eso es de vital importancia la introducción del idioma extranjero en etapas tan tempranas, donde el aparato fonador aún se está moldeando y familiarizarse con los sonidos y fonemas de otra lengua no les supone ninguna dificultad.

Sin embargo, a partir de cierta edad, más o menos cuando empiezan la escuela primaria, los niños comienzan a perder esa habilidad. De manera que, increíblemente, descubrimos que nuestra ubicación geográfica, desde el nacimiento hasta los 6 o 7 años de edad, marcará la formación de nuestro aparato fonador de la misma manera que el ejercicio marca el desarrollo del cuerpo durante las etapas de crecimiento.

Hay una parte totalmente involuntaria de este hecho que se debe a un intento de mejorar la interacción con los demás

Por otra parte, hay un fenómeno por el cual modificamos nuestro acento que está más relacionado con los otros dos ejes indicados anteriormente, el eje diafásico y el diastrático. ¿Por qué “se nos pega” el acento de otros lugares donde también se habla español? En esta modificación, que puede ser consciente o inconsciente, o una mezcla de ambos, influyen diversos factores como la necesidad de hacerse entender cuando uno viaja a otro país de habla hispana, los prejuicios para no revelar nuestra identidad, el trabajo (por ejemplo, el de un presentador de televisión), etc. No obstante, hay una parte totalmente involuntaria de este hecho que se debe a un intento de mejorar la interacción con los demás. Los lingüistas y psicólogos definen estas modificaciones de acentos como convergencia fonética, que puede contribuir a una comprensión mutua y/o un rapport (relación armónica o en la que hay empatía entre las partes) al disminuir la distancia social.

¿A quién no le ha ocurrido que, en sus años en la universidad, se le pegaba el acento de la ciudad donde estudiaba? Incluso entre los mismos compañeros de piso de distintos orígenes, la tendencia es la de mimetizar el acento. Es más, los estudios demuestran que, cuanta más afinidad tengamos con una persona, más probabilidades habrá de que empecemos a hablar como ella.

Otro caso que seguramente habréis observado se da cuando personas de regiones con acentos muy marcados, como Andalucía o Galicia, viajan a otras comunidades. Durante ese viaje, ¿no habéis notado que el acento se suavizaba de forma que se neutralizaba en mayor o menor medida? Os dejamos más ejemplos en este artículo.

Más allá de la convergencia fonética, nos llama sumamente la atención el cambio de acento que se produce entre hispanohablantes de un país cuando se mudan a otro país de habla hispana. Esta modificación del acento puede obedecer a las razones que hemos descrito anteriormente, pero es destacable el hecho de que esos individuos alternan entre un acento (el del nuevo país) y otro (el de su país de origen) dependiendo del interlocutor con quien estén manteniendo la conversación. Nuestra hipótesis es que estos individuos, siendo el español su lengua materna, utilizan el cambio de acento y, obviamente, de expresiones, léxico y gramática, como un cambio de idioma en sí, es decir, sería una suerte de bilingüismo sin cambiar de idioma. Desgraciadamente, no hemos conseguido encontrar estudios sobre este fenómeno, cada vez más extendido, sobre todo entre hispanoamericanos que se mudan a España y viceversa. Esperamos que pronto se lleven a cabo estudios en los que se concluya si nuestra hipótesis del “acento como bilingüismo” es acertada. Se trataría de personas que, dependiendo de con quién hablen, utilizan su propio acento y otras características de su variedad regional, o el acento y las características de la variedad regional del lugar al que se hayan mudado, siempre que en ambos países se hable el mismo idioma. Esta modificación consciente del acento, del léxico y de la gramática de una u otra región supondría para el cerebro casi la mismo tarea que el cambio de una lengua a otra.

Aparte de este “acento como bilingüismo”, que lanzamos como una hipótesis totalmente indocumentada, queremos dejaros una breve pincelada sobre nuestra siguiente entrada, también con la palabra “acento” pero observado desde un punto de vista bastante distinto: “el síndrome del acento extranjero”, una enfermedad real de la que se sabe muy poco pero con notables consecuencias para quienes la padecen. Más en nuestra siguiente entrada. Mientras tanto, puedes leer todas las entradas d Pasaporte a la Traducción aquí.

¿Conocéis a alguien a quien se le pegue cualquier acento sin importar el tiempo de exposición al mismo? ¿Reconocéis a quienes “fingen” un acento y a quienes les resulta natural cambiarlo? ¡Os animamos a compartir vuestra experiencia, conocimientos u opiniones en la sección de comentarios!

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